que no deambulaba por las calles del pueblo en un día laboral, con su trajín diario. Que no pasaba por la panadería, por la pescatería, la carnecería, por la plaza. Entre los vecinos, los familiares, por las tierras con su alfalfa a punto del último corte, los olivos casi a punto de dar su caldo dorado, entre las viñas que se mueren al ritmo de sus dueños. Hacía mucho que no escuchaba esos chascarrillos de pueblo, que si fulano, que si mengano, y los dimes y diretes que entretienen a los abuelos y de mediana edad en los polletes de portales y bancos a la sombra.
Es por ello, que hoy no ha podido más que sonar en mi cabeza esta canción, que relata a la perfección la decadencia de los pueblos del sur de Europa, y que no puede dejar de sonar cada vez que paseo por las calles y los caminos de los pueblos.






