lunes, 20 de abril de 2026

Lo que dura este Quinto

 Ese será el tiempo que hoy dedicaré a esta entrada. Lo que me dure el Quinto de cerveza que me estoy tomando ahorita.
No sé por qué. No lo decido yo, pero tengo mis temporadas de estilos sin darme cuenta. Y aunque la semana pasada estuve todo el tiempo escuchando a Boccherini y su música tan punk para la época, debo decir que ya son muchas las semanas que ando volviendo a la música de méxico. 
Se me va acabando el Quinto y hoy quiero poner esta ranchera en honor a los amigos que cuentan conmigo para que vaya a compartir sus momentos más felices e importantes. Por otro lado, y tras muchos años de ensayo y error, ya me voy dando cuenta de que los eventos importantes y yo no somos compatibles. No sirvo para eso. Perdí la mesura hace demasiado tiempo. Se me hincha el pecho de pensar en esa ocasión tan esperada y tan importante, pero en pocos minutos, me bebo hasta el agua de los floreros (yo creo que esta frase ya la doy por literal hace demasiado tiempo) y pierdo el norte con una facilidad pasmosa.
Después, hay que volver. Y nunca sé como he vuelto. Quizá nunca pierdo el sentido en mis eufóricas celebraciones de la vida, pero cada domingo es una nebulosa en la que me cuesta recordar las conversaciones, las personas con las que he estado, las canciones que he cantado, las que he bailado y lo mucho que he tomado. Me cuesta recordar como he llegado a casa y me siento invadido por la felicidad absoluta de haber extraído todo el meollo a la vida, pero triste de no recordar cada instante por la gran cantidad de intensos momentos que deparan las noches de dos días.
Tendré que decir que no a un viejo amigo y su boda. Tengo quinientos cuarenta kilómetros de vuelta perfectos para matarme en cualquier punto entre A y B y si llego vivo no recordar ni la mitad del fin de semana. 
Y tendré que decir que no al sesenta cumpleaños de mi gran y querido Nando que me requiere a su lado junto a mi guitarra y mis rancheras que tanto le hacen sentir pletórico. Sin embargo me separan de mi casa cerca de cuatro cientos kilómetros perfectos para matarse si no has dormido y si acabas de brindar y cantar tu última ranchera dos minutos antes de coger el coche.
Ya veremos que decido, aún me lo estoy pensando. Mientras tanto y como se me ha acabado ya esta cerveza, os dejo con esta pedazo de ranchera pero voy a buscar y dejar aquí la versión con más coraje y la menos artificiosa. Guitarra y voz, como en las noches en Selaya o en los Guariches.
 
tema: Tu recuerdo y yo
autor: José Alfredo Jiménez
interprete: Chavela Vargas
año: 1998
 

 

viernes, 10 de abril de 2026

Yo... esto lo veo como un toro

 No se me ocurre mejor forma de titular esta entrada que con aquella jocosa frase que acuñó aquel joven torero de Ubrique. Y es que estos días atrás de celebración de la muerte y resurrección del hijastro del carpintero, volvió a salir esta conversación con una amiga.
 Hoy tengo que repetir esta entrada, pues esta semana teniéndola redactada de manera jocosa y sin pega alguna por mi parte, mi conexión a la red se perdió y con ella todo lo escrito. Hoy vuelvo a intentarlo a ver si tengo suerte y además calmo la sed de mis grandes amigos de leer mis cosas una vez más.
La historia es que estos días atrás estando con unos amigos salió el tema de los Toros, que últimamente parece ser un tema recurrente del que acabo conversando con diferentes amigos. 
Además y con motivo del cumpleaños de un buen amigo, le regalé por mediación de mi padre una figura de un torero y un pequeño libro del reglamento de los Toros en la comunidad autónoma de Aragón.
Hubo quien no veía apropiado semejante regalo, sin embargo yo pienso que debía regalar a mi amigo algo que sabía que le haría ilusión por sus gustos. No por los míos. Creo y he podido constatar en múltiples ocasiones que solemos regalar aquello que nos haría ilusión para uno mismo, y no siempre regalamos aquello que no siendo del agrado para nosotros mismos, sin embargo sí que le puede gustar a otra persona.
A la pregunta de ¿A ti te gustan los Toros? debo responder que sí, pero no más que las Marmotas, su versión genética femenina (las Vacas), los Osos, y cualquier otro animal. Me gustan siempre que haya una barrera física en medio. Verlos pastar y correr por el campo y las dehesas, etc. ¿En la plaza? Pues también me puede gustar la fisonomía del animal. 
Pero todos sabemos que cuando te hacen esa pregunta, nadie se refiere al animal sino a la fiesta de los Toros. A lo que tengo que responder que sí. Que también me gusta la fiesta de los Toros. Aunque con un pequeño matiz. Y es que yo quitaría de esa fiesta a los toreros, su vestimenta y argucias humanas. No voy a los Toros porque no me gusta ver el modo en que los torean y los matan, aunque el hecho de que mueran no me entristece más que los miles de animales que matan cada día en los mataderos de las empresas cárnicas, ni me entristece más que otros actos humanos que considero inhumanos.
De crío, en las vaquillas de mi pueblo, solía subir al entramado de los toriles para verlos entrar y salir del camión. Me parecía divertido, aunque no más que tirar petardos con mis amigos o montar en bici.
Una vez fui a una corrida, yo era muy pequeño y fui con mis padres. En ese tiempo si tus padres te llevaban a una corrida, tu ibas y punto. No tengo ningún trauma, ni fobias ni nada parecido. Tan solo recuerdo que pasé una tarde de calor en una plaza llena de gente. La merienda sentado en las gradas y el nombre del torero de aquella tarde, "Palomo linares". Recordaré el nombre siempre porque me parecía jocoso el hecho de que aquel torero se llamara "Palomo".
Solo fui aquella vez, pero evidentemente sé de que va esto de los Toros, pues en este país sería complicado no enterarse de que va la cosa en los aspectos más fundamentales. Seguramente un conocedor de esta fiesta y burocracia tradicional me puede argumentar un montón de cosas que yo paso por alto, pero en resumen, creo que todos sabemos de que va y en qué consiste.
Este blog lo leen algunas personas de fuera de España, pero no voy a explicar aquí este tipo de fiesta, y aún así creo que ya lo sabrán aunque solo tengan una leve idea.
Total, que de la entrada súper divertida que escribí y no se guardó a esta otra hay un mundo y esta me está quedando sosa y seria. Hay cosas que es mejor dejar atrás si ya ha pasado su momento de gracia.
En esta entrada yo quería hacer apología y defender, no al mundo de la tauromaquia, sino a toda una cultura que de una forma u otra está instalada en los habitantes de España. Me refiero y ya que estamos en un blog de música a los pasodobles. El resto es artificio estético que me parece irrisorio, desfasado y más propio de una despedida de soltero que de un deportista (como se consideran). Y respecto a las plazas, pues a mi me gustan y tienen ese no sé qué. Cosa que no me molesta que estén en cada ciudad. Tiene todas esas reminiscencias de un pasado romano con sus gladiadores. Tienen una belleza arquitectónica (todos sabemos que alguna capital de provincia de España, sólo tienen de bonito la plaza de Toros). Y solo me fastidia que estas edificaciones apenas se usen ya para otros menesteres. Antiguamente, seremos muchos los que fuimos a ver algún gran concierto a una plaza de Toros. Por no hablar de que hubo unos años en que lo más de lo más para un músico era actuar en Las Ventas de Madrid.
En resumen, quería decir que no voy a los Toros por que no me gustan. Pero no los prohibiría. Tampoco voy al futbol, ni al curling, ni al tenis, ni a clases de zumba, ni a maratones, ni a los encierros de san Fermín, y tampoco los prohibiría. De hecho creo que desde que se empezó a juzgar y querer boicotear esta fiesta, salieron nuevos contrarrevolucionarios que nunca antes iban y ahora van aunque solo sea por joder y por amor a la bandera.
Yo, solo creo que los pasodobles suenan a España, como el Sirtaki a Grecia, la chacarera y el tango a Argentina o el country a Estados Unidos. Las plazas tienen como elemento arquitectónico una belleza como los tejados de Francia o las plazas de Roma. Sin más. Querer llevarlo a lo político me parece absurdo pues si los españolitos bien supieran que la mitad de los pasodobles han sido compuestos por autores republicanos o liberales. Que los Toros de Osborne de todo el país fueron diseñados por Manolo Prieto (dibujante español y liberal), en fin. Que era una fiesta que aunaba a los seguidores de la bandera con el pajarraco y a los seguidores de la tricolor.
Y llevarlo a la defensa de los derechos de los animales, lo podría entender y defender, pero no más que otras vejaciones los derechos de otros seres vivos para deleite del ser humano.
Si un día tengo que acompañar a un amigo a una fiesta de esas, le acompañaré. Yo disfrutaré de la música y él que disfrute de lo demás. No tengo reparos en decirlo. Pero por iniciativa propia, espero no ir a una plaza a no ser que sea para ver a músicos y sea yo el que pise la arena como espectador o quizá como artista, al fin y al cabo llevo unos años ya cotizando en el epígrafe 3 de IAE que incluye a los artistas y toreros.
 
tema: Tercio de Quites
autor: Rafael Talens Pelló  
año: 1994
interprete: Banda de Música del Maestro Tejera

 
 

martes, 24 de marzo de 2026

Mientras se hace la tarta de queso...

 Y por cierto, creo que nunca probaré una tarta de queso como aquella de esa
tasca del monte Igueldo en Donosti. Supongo que algo tendrá también el momento y los amigos, para que ese sabor fuera recordado por mi para siempre.

Mientras tanto, mientras se termina de hacer ésta que me han impuesto a modo de obligación para esta tarde. Dejaré una ranchera a modo de homenaje personal y tras ver el documental sobre su vida este pasado domingo en la 2.

Yo, la descubrí demasiado joven o mejor dicho, demasiado pequeño. Sentado en el "entablao" durante las fiestas del pueblo y mirando a aquella chica con vaqueros mitad blancos y mitad azules (¡Qué modas aquellas, recién estrenados los años noventa!). Las rancheras de Rocío sonaban en todas las orquestas que se preciaran y a mí, me dejó un grato sabor y recuerdo. Tan solo con escuchar apenas un par de compases ya me remueven por dentro. 

Las rancheras tienen ese.. que sé yo (como diría Goyeneche). Y nunca me canso. De hecho ayer pensaba en escribirle a Fernando y decirle: "Querido Nando, aquí estoy escuchando rancheras y pensando que debería ir a visitarte, abrir una botella de tequila de verdad de esas que guardas en tu casa y tocar y cantar juntos rancheras hasta que nos salga y nos eche el sol entre la bruma de tu prao" 

Tocar y cantar rancheras en pleno apogeo de la noche y borrachera es sanador. Como también lo es el escuchar a Rocío y retrotraerte a las noches en que se arranca a cantarla Vero, en que hablas de sus rancheras en la cueva, o a cuando miraba a aquella chiquilla desde el "entablao" pensando en que ojalá me atreviese a pedirle bailar conmigo. 

Hoy os dejo a dos grandes, A ella sin duda y acompañada en este caso por otro grande al que aún se le puede ver y disfrutar en directo. Y que por cierto en su último concierto aquí, se marcó como bises una ranchera.

tema: Luz de Luna
autor: Álvaro Carrillo
interprete: Rocío Durcal y Manolo García
disco: Canta con Mariachi (Volumen 4)
año: 1980
 

domingo, 15 de marzo de 2026

La recomendación

 Ya va avanzando marzo ¡Madre mía!. Así de rápido pasan los meses sin darnos cuenta. Mi entrada de hoy es para recomendar un poco de calma. A todos y también a mi. Aunque debo decir que he empezado hace un tiempo ya a tomarme en serio eso de la calma.
En el trabajo, con los compañeros parece ser que soy envidiado por tomarme las cosas con calma y saber mantener la compostura ante los imprevistos. No soy el más viejo, pero casi lo soy. Supongo que eso te da la experiencia suficiente para saber mantener la calma y saber quedarse con lo realmente importante.
En la vida, quizá no estoy tan convencido de saber tomarme todo con la calma necesaria, aunque lo intento y creo que muchas son las veces que lo consigo ahora.
Toda esta verborrea era innecesaria, tan solo se trata de recomendar hoy el nuevo disco de este caballero. Ya lo conocía de hace tiempo, y creo que ya sonó en este blog en algún momento. La música, creo yo, no es ni mala ni buena. Sólo es cuestión del momento. De la situación, el enclave y las emociones de cada uno. Por ello, quizá conociendo la música de este señor, no le escuchaba con la misma frecuencia que ahora. Sin embargo, ha presentado su nuevo disco que parece como caído del cielo en el momento oportuno. Su lenguaje es llano y directo. Comprensible y fácil. Su música es bien-sonante y sanadora por la sencillez que aparenta aunque hay muchos matices en cada compás. Sea como fuere, su disco nuevo lleva por titulo la calma y él en una entrevista dice que ahora mismo tomarse las cosas con calma es un acto de rebeldía. 
Yo también lo creo. Pero también creo que es una cosa de los años y las experiencias. 
Que os recomiendo este disco entero y con atención. Con calma.  
 
tema: Le pasa solo al resto
autor: El Kanka
disco: La calma
año: 2026

 

miércoles, 11 de marzo de 2026

Todo llega

He tenido que esperar la tira de años y a que te echaras una novia que te sacara
de casa. Al final todo llega. Ha sido divertido y especial disfrutar así de tu cumpleaños. Ha merecido la pena la espera. Feliz cumpleaños jefe!
 
tema: Chelsea Bridge
interprete: Ben Webster 

 

lunes, 2 de marzo de 2026

La cueva del Chaman

 A la cueva del Chaman está casi todo el mundo invitado. Mejor dicho, a las
cuevas de los Chamanes está casi todo el mundo invitado. Eso sí. No siempre sucede lo que se espera. A veces no toca, a veces no es el momento y otras las energías de algunos bienvenidos no lo permiten.
Yo, siempre que puedo intento estar. Y siempre que estoy sé que todo empieza mucho más tarde de lo esperado. Tan sólo quien sabe y es capaz de esperar, lo encuentra, aunque no siempre. 
Es realmente complicado explicar lo que sucede allí dentro. No es entrar en trance, eso lo dejamos para otros. No es una secta, ni ritos sectarios con burocracias rituales. Es esperar y avanzar. Es dejarse llevar ahora que es tan complicado eso mismo. Sin trabas, sin prisas, sin mirar el reloj, sin forzar nada. 
El Chaman pone su cueva, escucha, interpreta y espera. 
Los invitados vamos dejando salir la verdad afuera.
Y sale. Sale como no te atreverías a dejarlas salir ante un psiquiatra. Sale sin cortapisas, sin evitar lo doloroso. Y a través de la música, se forma un coro al unísono. Salen las mejores interpretaciones de cada uno, capaces de romper en dos a más de uno de los que escuchan y no se atreven a sacar a la luz sus oscuridades.
Un ritual sanador completamente espiritual, que engancha. Porque sentirse eterno es adictivo, compartir la espiritualidad personal y hacerla una sola es adictivo. Porque llorar y romperse con aquella canción que tienes clavada dentro es adictivo. Porque pertenecer a algo común y más grande que tú, es adictivo. 
A veces cada uno propone y todos escuchan. Tan solo así, no existen días y noches suficientes para proponerlo y escucharlo todo. Otras nadie propone, sale sólo y te ves envuelto en un macro-festival donde todas y cada una de las canciones tienen un significado y un gran valor.
Decía Jim Morrison que había que despertar y abrir las puertas de la percepción. Y creo que no habrá una mejor y más acertada explicación de este tipo de reuniones. Desde los tiempos más remotos el ser humano ha sentido la necesidad de realizar estos rituales espirituales de conexión que van más allá de lo físico y terrenal. 
Se trata de llegar a una lucidez plena muy lejana a la que estamos acostumbrados en la rutina diaria. Todos los sentidos se desarrollan muy por encima de lo máximo normal. El estado de consciencia llega a sobrepasar el físico de uno mismo y conectar con el de al lado. 
No sé, no se puede explicar. Hay que probarlo y formar parte. Pero eso hace necesario una paciencia infinita, saber estar y aguante. Eso sí, la recompensa es sentirte eterno, lleno, pleno, en sintonía con el universo y la gente. Extremadamente vivo y feliz. Sustancialmente enamorado y feliz. 
Tantas emociones y felicidad se pagan los martes.
 
tema: Los martes
autor: Drugos
disco: Haz ruido mientras puedas
año: 2026
 

domingo, 1 de marzo de 2026

Cine para soñar

Ya estamos en Marzo. Así, sin comerlo ni beberlo. Anoche se celebraba la famosa
Gala de los premios del cine. Otra de esas famosas galas de premios. Pero una o la segunda más sonada y a la que más importancia le dan los medios.

Yo, en esto de premios, huyo todo lo que puedo. Suelo creer que están amañados, que tienen mucho de premiar al amigo, al que más presupuesto ha tenido para hacer la película, al que mejor se rodea a lo largo del año con los miembros del jurado. Al que no se sale del tiesto. Para mi tiene mucho de hipocresía. Pero bueno, tampoco es que yo sea nadie para hablar de esto ni me vaya la vida o el trabajo en ello. Simplemente no me van estas cosas, ni creo que de len el premio a quien más se lo merece. Teniendo en cuenta que en esto de hacer arte, debe ser difícil decidir quien es mejor o quien lo hace mejor, pues al final el arte no debería ser una competición. Y sé que quienes compiten, pocas o ninguna gana tendrán de ello, pero saben que el premio es un punto a favor para seguir haciendo películas y vivir de ello como oficio.

El hecho es que a mi ya hace demasiado tiempo que me da igual y me resbalan la inmensa mayoría de películas que veo, que hacen y que premia la academia. Me costaría recordar películas que haya visto en la última década. Creo firmemente que estamos saturados de imagen y también de información. Al final es consumo irresponsable, vomitable y desagradable. Industria cárnica del arte del cine. Como dice un buen amigo, "entretenimiento, no cine".

Pero ¿Qué es el cine?¿Cómo debería ser el buen cine? Difícil respuesta, si nos atenemos a que el arte es cómo es, o cómo lo quiere hacer el autor y jamás como lo quiera el espectador. No voy a ser yo quien diga que debe debe tener el cine actual para que yo lo considere buen cine, me agrade y lo consuma. Pero ya que este es un espacio personal, aprovecho para decir que estoy harto del cine actual. Estoy harto del cine social (por otro lado más económico de crear). Estoy harto de torsos de jóvenes antes de la media hora de película. Harto de películas de gente normal, con vidas mediocres. Harto de historias de desapariciones de jóvenes, de parejas con problemas, de personas diferentes con problemas de adaptación. Harto de películas de lo que pasa en un recóndito valle de Navarra, de Lérida, o de Noruega. Harto de vidas normales a las que se les tuerce algo en la vida.

Lo siento pero no me hice adicto al cine para ver una vida como la mía en la gran pantalla. ¡Ojo, que igual resulta que vamos hacia eso! A que cada uno se grabe y se vea en grande. No me apetece ver a un tío levantarse con el despertador, llevar a las niñas al trabajo, discutir con la parienta, entrar al rutinario curro, que le saquen un cáncer a él o a alguien de alrededor, que tenga una aventura la única noche que puede salir de copas por Madrid. O yo que me sé. 

Me hice adicto al cine, porque me hacía soñar con vidas que nunca viviré. Me hice adicto al cine porque me gustaba ser durante dos horas un pirata en un barco, un romano, un egipcio o un indio viviendo en su tipi. Adolezco de haber estado en todos y cada uno de los sitios a dónde te llevaba el buen cine, y no estoy hablando sólo de superproducciones americanas. Hablo de grandes historias. Historias que te hacían suspirar. De sentirte en Roma montado en una vespa, de sentir aquel beso inocente. De estar sentado en la camioneta junto a Eastwood y Streep. De preguntarte que habría hecho yo estando allí. En aquel fuerte asediado, en aquella playa, en aquel momento. Hablo de sentirte espiando junto a James Stewart desde su ventana indiscreta. De indignarte sintiéndote uno más en la familia de los santos inocentes. De bailar con lobos o sentir el peso enorme del ser en la Misión. De formar parte de la estafa en el Golpe o reírte con los panecillos de Chaplin como si te estuviese haciendo el juego a ti mismo.

En fin. Que el cine moderno de vidas modernas me parece una mierda brutal. Que me gustaría que el cine volviera a ser un medio de conmocionar al espectador y no de hundirte en la miseria de tu vida normal (de la que no me quejo, pero tampoco es para verla en la gran pantalla). Que eso del cine social está muy bien, pero igual ya... estamos abusando o qué.

Imagino que debe ser muy costoso hacer aquel tipo de películas, pero también me consta que después se recupera con creces lo invertido. Sea como fuere, algo de mediocridad también reside en todo esto, cuando cualquiera somos capaces de publicar un disco, sacar una película, escribir un libro o pintar un cuadro. Creo que eso también hace que se llenen las estanterías de obras de arte aunque quizá no tengan esas obras la calidad de grandes autores. 

No sé explicarlo mejor, ni tampoco debo. Pero estoy harto. Para ver carne prefiero una carnicería de mi barrio o una película puramente pornográfica. Para ver como suena el despertador y discutir con la parienta no tengo que encender la tele ni ir al cine. Para conocer los problemas de gente, lo tengo en mi trabajo y para sufrir con enfermedades y discapacidades, tengo amigos y familiares cerca.

 
tema: Il postino
autor: Luis Enríquez Bacalov
disco: Il postino (BSO)
año: 1994