Ese será el tiempo que hoy dedicaré a esta entrada. Lo que me dure el Quinto de cerveza que me estoy tomando ahorita.
No sé por qué. No lo decido yo, pero tengo mis temporadas de estilos sin darme cuenta. Y aunque la semana pasada estuve todo el tiempo escuchando a Boccherini y su música tan punk para la época, debo decir que ya son muchas las semanas que ando volviendo a la música de méxico.
Se me va acabando el Quinto y hoy quiero poner esta ranchera en honor a los amigos que cuentan conmigo para que vaya a compartir sus momentos más felices e importantes. Por otro lado, y tras muchos años de ensayo y error, ya me voy dando cuenta de que los eventos importantes y yo no somos compatibles. No sirvo para eso. Perdí la mesura hace demasiado tiempo. Se me hincha el pecho de pensar en esa ocasión tan esperada y tan importante, pero en pocos minutos, me bebo hasta el agua de los floreros (yo creo que esta frase ya la doy por literal hace demasiado tiempo) y pierdo el norte con una facilidad pasmosa.
Después, hay que volver. Y nunca sé como he vuelto. Quizá nunca pierdo el sentido en mis eufóricas celebraciones de la vida, pero cada domingo es una nebulosa en la que me cuesta recordar las conversaciones, las personas con las que he estado, las canciones que he cantado, las que he bailado y lo mucho que he tomado. Me cuesta recordar como he llegado a casa y me siento invadido por la felicidad absoluta de haber extraído todo el meollo a la vida, pero triste de no recordar cada instante por la gran cantidad de intensos momentos que deparan las noches de dos días.
Tendré que decir que no a un viejo amigo y su boda. Tengo quinientos cuarenta kilómetros de vuelta perfectos para matarme en cualquier punto entre A y B y si llego vivo no recordar ni la mitad del fin de semana.
Y tendré que decir que no al sesenta cumpleaños de mi gran y querido Nando que me requiere a su lado junto a mi guitarra y mis rancheras que tanto le hacen sentir pletórico. Sin embargo me separan de mi casa cerca de cuatro cientos kilómetros perfectos para matarse si no has dormido y si acabas de brindar y cantar tu última ranchera dos minutos antes de coger el coche.
Ya veremos que decido, aún me lo estoy pensando. Mientras tanto y como se me ha acabado ya esta cerveza, os dejo con esta pedazo de ranchera pero voy a buscar y dejar aquí la versión con más coraje y la menos artificiosa. Guitarra y voz, como en las noches en Selaya o en los Guariches.
tema: Tu recuerdo y yo
autor: José Alfredo Jiménez
interprete: Chavela Vargas
año: 1998

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