domingo, 1 de marzo de 2026

Cine para soñar

Ya estamos en Marzo. Así, sin comerlo ni beberlo. Anoche se celebraba la famosa
Gala de los premios del cine. Otra de esas famosas galas de premios. Pero una o la segunda más sonada y a la que más importancia le dan los medios.

Yo, en esto de premios, huyo todo lo que puedo. Suelo creer que están amañados, que tienen mucho de premiar al amigo, al que más presupuesto ha tenido para hacer la película, al que mejor se rodea a lo largo del año con los miembros del jurado. Al que no se sale del tiesto. Para mi tiene mucho de hipocresía. Pero bueno, tampoco es que yo sea nadie para hablar de esto ni me vaya la vida o el trabajo en ello. Simplemente no me van estas cosas, ni creo que de len el premio a quien más se lo merece. Teniendo en cuenta que en esto de hacer arte, debe ser difícil decidir quien es mejor o quien lo hace mejor, pues al final el arte no debería ser una competición. Y sé que quienes compiten, pocas o ninguna gana tendrán de ello, pero saben que el premio es un punto a favor para seguir haciendo películas y vivir de ello como oficio.

El hecho es que a mi ya hace demasiado tiempo que me da igual y me resbalan la inmensa mayoría de películas que veo, que hacen y que premia la academia. Me costaría recordar películas que haya visto en la última década. Creo firmemente que estamos saturados de imagen y también de información. Al final es consumo irresponsable, vomitable y desagradable. Industria cárnica del arte del cine. Como dice un buen amigo, "entretenimiento, no cine".

Pero ¿Qué es el cine?¿Cómo debería ser el buen cine? Difícil respuesta, si nos atenemos a que el arte es cómo es, o cómo lo quiere hacer el autor y jamás como lo quiera el espectador. No voy a ser yo quien diga que debe debe tener el cine actual para que yo lo considere buen cine, me agrade y lo consuma. Pero ya que este es un espacio personal, aprovecho para decir que estoy harto del cine actual. Estoy harto del cine social (por otro lado más económico de crear). Estoy harto de torsos de jóvenes antes de la media hora de película. Harto de películas de gente normal, con vidas mediocres. Harto de historias de desapariciones de jóvenes, de parejas con problemas, de personas diferentes con problemas de adaptación. Harto de películas de lo que pasa en un recóndito valle de Navarra, de Lérida, o de Noruega. Harto de vidas normales a las que se les tuerce algo en la vida.

Lo siento pero no me hice adicto al cine para ver una vida como la mía en la gran pantalla. ¡Ojo, que igual resulta que vamos hacia eso! A que cada uno se grabe y se vea en grande. No me apetece ver a un tío levantarse con el despertador, llevar a las niñas al trabajo, discutir con la parienta, entrar al rutinario curro, que le saquen un cáncer a él o a alguien de alrededor, que tenga una aventura la única noche que puede salir de copas por Madrid. O yo que me sé. 

Me hice adicto al cine, porque me hacía soñar con vidas que nunca viviré. Me hice adicto al cine porque me gustaba ser durante dos horas un pirata en un barco, un romano, un egipcio o un indio viviendo en su tipi. Adolezco de haber estado en todos y cada uno de los sitios a dónde te llevaba el buen cine, y no estoy hablando sólo de superproducciones americanas. Hablo de grandes historias. Historias que te hacían suspirar. De sentirte en Roma montado en una vespa, de sentir aquel beso inocente. De estar sentado en la camioneta junto a Eastwood y Streep. De preguntarte que habría hecho yo estando allí. En aquel fuerte asediado, en aquella playa, en aquel momento. Hablo de sentirte espiando junto a James Stewart desde su ventana indiscreta. De indignarte sintiéndote uno más en la familia de los santos inocentes. De bailar con lobos o sentir el peso enorme del ser en la Misión. De formar parte de la estafa en el Golpe o reírte con los panecillos de Chaplin como si te estuviese haciendo el juego a ti mismo.

En fin. Que el cine moderno de vidas modernas me parece una mierda brutal. Que me gustaría que el cine volviera a ser un medio de conmocionar al espectador y no de hundirte en la miseria de tu vida normal (de la que no me quejo, pero tampoco es para verla en la gran pantalla). Que eso del cine social está muy bien, pero igual ya... estamos abusando o qué.

Imagino que debe ser muy costoso hacer aquel tipo de películas, pero también me consta que después se recupera con creces lo invertido. Sea como fuere, algo de mediocridad también reside en todo esto, cuando cualquiera somos capaces de publicar un disco, sacar una película, escribir un libro o pintar un cuadro. Creo que eso también hace que se llenen las estanterías de obras de arte aunque quizá no tengan esas obras la calidad de grandes autores. 

No sé explicarlo mejor, ni tampoco debo. Pero estoy harto. Para ver carne prefiero una carnicería de mi barrio o una película puramente pornográfica. Para ver como suena el despertador y discutir con la parienta no tengo que encender la tele ni ir al cine. Para conocer los problemas de gente, lo tengo en mi trabajo y para sufrir con enfermedades y discapacidades, tengo amigos y familiares cerca.

 
tema: Il postino
autor: Luis Enríquez Bacalov
disco: Il postino (BSO)
año: 1994 

 

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