Por fin, se va alejando el verano que tan poco agradable me resulta. Y por el
contrario, ya estamos metidos de lleno en el Otoño. No en la ciudad, desde luego. En las ciudades se mantiene el mismo color durante las cuatro estaciones, y el ruido del tráfico, los colegios, las ambulancias, las fábricas y las maquinarias pesadas de movimiento de tierras no deja apreciar la sutileza del canto de las aves que cambia por completo para anunciar que la noche se acerca, que el frío ya se instala en las primeras horas del alba y que va siendo hora de tener el nido listo para para los próximos recién nacidos.
contrario, ya estamos metidos de lleno en el Otoño. No en la ciudad, desde luego. En las ciudades se mantiene el mismo color durante las cuatro estaciones, y el ruido del tráfico, los colegios, las ambulancias, las fábricas y las maquinarias pesadas de movimiento de tierras no deja apreciar la sutileza del canto de las aves que cambia por completo para anunciar que la noche se acerca, que el frío ya se instala en las primeras horas del alba y que va siendo hora de tener el nido listo para para los próximos recién nacidos.
La primavera tiene esa parte de exuberancia y viveza fugaz pero que al fin y al cabo llena el paisaje de verde. Todo verde, pues en esta zona tan árida las flores de primavera son diminutas y disimuladas, todo lo demás son flores de otras zonas traídas a propósito para el encanto de la vista humana.
El Otoño, sin embargo lo invade todo de la más completa paleta de tonalidades. El verde que aparece tras las lluvias, el amarillo de los populus de ribera, el rojo del arce o el naranja y marrón de las hayas. Un espectáculo cromático para la vista. Y para quien no disponga de este sentido, el sonido se vuelve pausado, los torrentes suenan con la calma de la espera de las primeras heladas, se oyen los cantos de los petirrojos, el carbonero y los herrerillos. Huele a humedad y a hongos trabajando en silencio para agrandar sus micelios. El suelo se llena de castañas, bellotas, nueces, arándanos, manzanas silvestres y todo tipo de frutos para llenar la despensa, la madriguera o el nido.
Una fiesta parecida a los festejos de barrio que narraba Serrat en está preciosa canción. El Otoño es un banquete de frutas, aromas y colores para quien se aleje del color del hormigón y el ladrillo y se anime a dejarse caer por la fiesta.
tema: Fiesta
autor: Joan Manuel Serrat
disco: Mi niñez
año: 1970

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