Y sin embargo existen tres lugares a donde no llega la mierda: la montaña, el mar y
el teatro monumental de Madrid.
el teatro monumental de Madrid.
El mundo parece irse a la mierda si estamos informados, pero si realmente nos dedicamos a escuchar y ver el mundo cómo si fuéramos niños o adolescentes, todo está y sigue en su sitio.
Estos días ando colmado de felicidad, a pesar de lo que me quieren contar unos y otros. Me siento vivo y pleno cuando llego a esa cascada que hace el río en su punto más abrupto y alto del valle. Solo escucho nuestras pisadas, los bastones y las aves canturreando ajenos al ruido social. Salir temprano y no cruzarse con gente, merece la pena, te sientes parte de todo.
Coger un tren con tu gran amigo de toda la vida, hablar de la pereza y el cansancio de vivir mientras te sientas en la platea del teatro a escuchar la obra de nuestro otro gran amigo de la infancia, no tiene precio. Apagar el maldito móvil que tantos estragos nos está haciendo a las personas y sentarte a compartir tu tiempo disfrutando de esa nueva obra reconocida y ser participe de la felicidad plena de toda una familia alrededor de un gran amigo y maestro que tantos años de esfuerzo ha dedicado para llegar de momento hasta aquí, tampoco tiene precio. Me hace sentir pleno y parte de un todo alejado del mundanal ruido, pues el arte se impone no dejando oír el ruido que lo alborota todo al otro lado de las paredes del Teatro. Volverte a casa codo con codo junto a tu amigo y con el recuerdo de una tarde histórica, tampoco tiene precio. Otra patada a la pereza y al ruido que da paso a la felicidad de saber que una vez más ha merecido la pena.
Ponerte un neopreno, estar asustado, navegar, aprender a respirar con una botella de oxigeno y al meter la cabeza bajo el agua observar atónito bancos de peces alrededor tuyo y acercándose hasta la mano que les ofrezco, no tiene precio.
Bajar a diez metros hasta tocar con el pecho el fondo marino con los bancos de peces alrededor, las langostas escondiéndose en la roca a mi paso, las estrellas de mar con un color increíble o ver pasar la luz del sol cuyos rayos atraviesan desde la superficie hasta el fondo, no tiene precio.
Encontrarte en un mundo al que no perteneces pero en el que se te permite estar y nadar como ellos durante un corto tiempo y descubrir un mundo silencioso y perfectamente en sintonía consigo mismo, te hace sentir que formas parte de un todo y que merece la pena.
Todos tenemos claro que el mundo no es como nos lo cuentan, como lo vemos en televisión o lo relatan en libros y prensa. El mundo es otra cosa, pero hay que salir a conocerlo y vivirlo. Espero no dejarme mucho que descubrir. Siempre merece la pena. ¡Viva la curiosidad!
tema: Mundo Abisal
autor: Jorge Drexler
disco: Amar la trama
año: 2010

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